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DISCO
SOLIDARIO
1
€ irá destinado a una
Asociación
de Ayuda
a
las Mujeres Maltratadas

DIGMUN
ASOCIACIÓN POR LA
DIGNIDAD
de MUJERES
y NIÑOS
RAMÓN TARRÍO
BAMBÚ

Juan José Téllez & Ramón Tarrío
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en
'DUENDE LATINO'
...con la garantía de la S.G.A.E.
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Especializada
en Bibliografía
del Norte de
África
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En marzo de 2.004 publica
Ramón Tarrío su primer disco en solitario, con la colaboración del
músico Ceutí Francisco Aliaga, titulado Ramón Tarrío
canta a Juan José Téllez, basado en el libro de poemas Bambú
(1.988), del prestigioso periodista campogibraltareño |
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Oirás el
bolero |
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Estación
del norte |
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Bambú |
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La gran
muralla |
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Portada del Libro, (1.988)
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Francisco Aliaga
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OIRÁS EL
BOLERO
Espliego y
sándalo bajo su ropa esencian
los pliegues
levadizos que al galán convidan
a plantar
menta o regalar glicinas
sobre el
jardín de la chica de Ipanema.
Escrita al
pecho llevo su carta navegante
y sólo si
canta la alhoja mi ensueño distrae
del modal de
su fragancia y de la sombra
que a
contraluz repica el eco de su efigie.
Cruza ahora
su donaire el país de la ciudad
y peina sus
crenchas la brisa de la isla donde vivo.
Probaba el
alcuzcuz de su labio salado
Del que
pendían las cuentas de un rosario azabache.
"Sólo amo las
naciones de nombre hermoso –le dije-,
oirás el
bolero y crecer mi lejanía.
Celebrarás a
solas la fiesta de los ácimos
aunque la
vida a veces lleve a un final feliz".
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con el guitarrista
Juan Carlos López,
preparando el 'directo'
de 'BAMBÚ'
Ceuta, 2004 |
ISLA
VERDE
Quien diese
nombre a la ciudad,
sepa su
extravío.
De la ceniza
viene como barca sin lumbre,
que vira del
cabo a la bocana,
con el
naufragio escrito en sus cuadernas.
Contonea el
paraje su marabú calizo
y bajo la
túnica, el ojo morabita contempla
la posada donde
han muerto
caballos de mar
con su crin desecha,
jirones de
vestidos y el don de la memoria.
Mancharán sus
dedos polvo de oro
y en corso, las
galeras
rodearán
zaguanes. Su majestad de hierro,
en la Isla,
fondea el paquebote.
Llora, Fabio,
sus ruinas, más éstas del progreso.
A dónde ese
muchacho, bajo el rocío,
preguntará por
la suerte de Amatea, a quien quiso,
por los
cómplices que libren
de la Ley a su
Reino o las claves que expliquen
el curso de los
astros.
Del cálido
bullicio, la población dormita
sobre el lecho
del río al que ha renunciado.
La corriente
detuvo su singladura
y rielan,
impasibles, las quillas sobre templos
hundidos.
Vegetal retirada,
le incendió la
ira. Testigo fui de aquella hoguera
que aún a
veces, en noches del estío,
levanta fuegos
fatuos.
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El
'CANTAUTOR'
visto por
'ANTONIO SAN MARTÍN'
(1.986)
Cuadro de donde se extrajo
la idea para la portada

ANTONIO SAN MARTÍN
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Anudan en
pañuelo su camisa al vientre,
les acompaña
el rizo del salitre
y estambres
del amor devoran su pistilo
como planta
carnívora. Fugaz, dicen luego,
esa edad
primeriza. Ahora eterna,
en cambio,
juzgan la plenitud de sus miembros
y suponen
permanente al alborada
e invicta la
luz del mediodía
que su
alborozo enciende.
Corren a
poniente sudorosos, silban cánticos
frívolos y
exponen su ocio al anciano que mira
los años
perdidos. Los mejores, miente.
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En la estación de
'ATOCHA' (Madrid)

Tras finalizar la grabación
de 'BAMBÚ' y,
a falta de las mezclas,
me escapé unos días
a la sierra de Madrid
para 'despejarme' |
en el correo
de levante: allí domos verdes,
las letras
celestes que la lluvia escribe
sobre el
pómulo de los desconocidos.
saludar deseo
en la Isla del Laberinto.
del genio que
desvela la paz del arrayán
Supe que la
ilusión fácil
y mi ánimo
guarecí tras las ventanas del alba
que, al jardín
del silencio,
Mece el vagón
las palabras
cuyo sentido
el tiempo nubla y su nombre
pronuncian en
vano los mortales.
ululó en otro
tiempo. Contemplé el maremoto
y juro que no
supe de dónde procedía.
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En la casita de'TORROX'
(Málaga), componiendo 'BAMBÚ'

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Los juncos
chinos volverán al río,
regalando
su borda
especias y corales.
De
sargarzo y esporas visten los marinos
o musitan
canciones que sólo el edén enseña.
Dardos de
bienvenida a su paso arrojan
doncellas
cerbatanas que ofrecen
semillas
del tamarindo y flores en corona.
Hoy lloro
la memoria de la orilla
donde el
trópico yacía en sus inviernos
sobre
picos de aves extraviadas.
Únicamente
el mar alumbra mi atalaya,
suena el
crótalo por música,
clarín
vegetal que escucho, distraído,
en el
vestíbulo del Hotel Malasia.
Añoro la
gratitud de la pantera
que en
satén ceñía su infortunio. Mesaban
sus garras
mi cabello, como ahora
las aspas
de los ventiladores
el aire
viciado y el velador abanican.
“Volverás
a Borneo”, el licor me dice,
pero no
restan juncos en los muelles,
olvidé la
ruta a la bahía de Brunei,
las damas
de la noche a su hogar tornaron
y jamás
estuve, es cierto, en Singapur.
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El mar
de Samarcanda la piedra gris humedece
y
tocan sus almenas la Sierra del Rocío,
el
claro de luna cala las ojivas
y el
viento del simún arrastra ante su muro
guiñapos del profeta que clamaba en el desierto.
Allí
acecha el hombre, sugiere la cascada
sobre
la hiedra crecen hojas del acanto,
cuyos
rasgos dibuja la oscura en la pizarra.
Plumas
del faisán, caimanes
y el
valor del guerrero que deserta, de adobe
y de
ladrillo, de guijarros sirven.
No hay
puente levadizo, su albañil no descansa.
Separó
de cuajo el corazón amante
atraviesa mi cuerpo por el vértice.
También ya soy su torreón vigía,
ojo de
la alcazaba, linterna, párpado insomne.
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Cuando
la mata oprima el corazón de ajenjo
la
fuente anciana que agua limpia lleva,
tal
vez no sea nuestra la región
pero
vendrá la paloma y luego la noche,
que la
adormidera arrulla en continente
Llamará el ruido al tigre de la vida
el
tambor de la nostalgia. Caerá
sobre
este tiempo el peso de la ley,
la
camelia de la muerte ornará su solapa
en su
barandal escribieron mi destino
y he
jugado a negarlo como San Pedro.
Besará
el día mis labios de príncipe
las
orillas del Támesis crecerán al mar
han de
lucir su vaina en las ramas
que el
viento ha adormecido
junto
al camino fértil de Emaús.
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Existe una ciudad romana al sur de Xauen,
ocupados en la música de cítaras
bajo todos los matices del crepúsculo.
Eran de amor, nuevas
sugerencias
Había nociones de otra lejanía
que, a veces, se acercaban.
Lloverá delfines, el desierto, en Volubilis
y
habrá lumbre, de nuevo,
Portada en palanquín, la cortesana
aún dice, a Lucio, su nombre de familia
mas él guarda silencio en el confín de Hades.
Melancólica como otras ciudades de la paz,
quien puso a su soberbia término;
si
no creció a la costa, es culpable el hastío.
El
tiempo limó su leyenda en el muro:
líbrala en ti mismo y, luego, llora”.
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'La despedida',
(Marcela Ottonello)
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'La despedida',
(Débora Arango) |
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'La despedida en el
muelle',
(Francisco Gutiérrez) |
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Demanda nobleza al enemigo
un gesto de ira que el límite señale.
y el desconsuelo, si duele.
Contempla, desde el miramar,
pero busca las gaviotas cordilleras.
sus costumbres. Será la vida
y sus ríos, la savia que venera
o la miel que liba la fuente acústica.
Si alcanzas el puerto de Corfú,
que no sepa tu nombre y lo pronuncie,
envía nuevas a este domicilio.
para que la ausencia no llame al camarín
donde el lecho engalanado
a que rindas ese antiguo viaje.
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para
merecer favores de su fortaleza:
alcázar de
la bóveda y litoral planicie,
cavernas
del picón que la salina muerde.
Ofrecerá
un galán de noche
cuando la
aventura reta al sur
Mesará su
liquen y robará la prenda
que, a
contraluz, retiene
Si dobla
la bocana su velero escampavías,
tema el
despojo la ciudad claroscura,
oculte el
mármol su tesoro secreto,
tienda el
foque la alameda
Huirán de
Eritrea cansados pobladores,
a lomos de
hipocampos y en almadías,
que gusta
del silencio tirano
y graba su
nombre en piedra malaquita.
Pero a su
carena amurarán las danzarinas,
que
malgasta su albedrío,
los dioses
despojados de su honra
y del
templo, cuyo velo la ventolina arrastra.
El
mascarón de proa es la faz de Minerva
y le hiere
para que la sangre
Se llama
Francis Drake y su venganza está escrita.
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Tafetán visten las nativas con ojos sirios
y
muestran su secreto a la falda del noble sicomoro
cuando
el dios litoral su hechizo pronuncia
bajo
la bonanza del crepúsculo en Venus.
Teñidas en índigo, túnicas de raso y crinolina
lucen,
cuentas de cristal y perlas barruecas.
Han
cubierto de organdí sus hombros
y
ofrecen al viajero la espina del curare
para
que el sueño sea eterno y olvide su patria.
La
noche insular el paisaje engalana
con
pieles de armiño y marta cebellina.
Los
labios bordan el encaje del tacto
y en
mantillas, de poleo aromadas,
reposan las gacelas su afán de correrías.
(*)
Las sirenas cantan por amor a Ulises
y
avisan al marino que cuide la belleza.
Más
allá de las ideas, sólo manda el oro.
Eso
cantan, eso cantan: más allá, hay monstruos.
(*)
Estrofa añadida para la canción, no incluida en el poema
original.
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